CAPÍTULO 32

Esther

— ¡Hola! ¿Cómo estás? — Dylan llegó a mi pórtico, me encontraba sentada, mientras cuidaba a mis hermanos. Mi madre tenía más de dos horas que se había ido en busca de mi padre.

— ¡Eh! Bien… estoy bien Dylan 

— Pues no lo parece, tengo un buen rato que te veo y estas con tu mirada perdida. 

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