—Andando —apresuré, sabiendo que no podíamos mantenernos en nuestra nube de azúcar—. Hay que apresurarnos.
—Lo sé.
—¿Qué?
—Vienes del futuro, lo sé.
—¿Cómo? —tartamudeé.
—Porque estoy sintiendo en este momento a dos Elle —respondió con seriedad—. No sé cómo lo hiciste, no sé por qué estás aquí, pero te amo, Elle. Gracias por venir y estar conmigo.
—Basta, ni se te ocurra despedirte —supliqué.
—Me viste morir. ¿No es así?
Un gemido lastimero rotó de mi garganta en ese momento, derrumbándome.
Hab