Nathan no me soltó. Me llevaba en su espalda, caminando a través del bosque con tanta facilidad que me resultó envidiable. Yo siempre que caminaba por aquí tenía que cuidar mis pasos o terminaría besando el boscoso suelo. Le había asegurado que ya me encontraba mejor y que era capaz de caminar por mi cuenta, pero él parecía feliz de tenerme sobre él. Escuchar su respiración me calmaba un poco, sentirlo cerca era todo lo que necesitaba para volver a mis cabales.
El asombro inicial había pasado y