—¡Carol! —grité, desgarrando mi garganta en el proceso.
Vi el movimiento en cámara lenta. Primero cayó la daga de su mano el sonido se quedó grabado para siempre en mi cabeza, sus ojos llenos de pánico estaban fijos en Luxu, como si solo pudiera verlo a él. Parecía estar pidiéndole disculpas de manera silenciosa, por lo que se hizo a sí misma y, en consecuencia, a su alma gemela, justo antes de que su cuerpo se desplomara.
Intenté levantarme y correr hacia ella, sin importarme estar en medio de