Cuando desperté, Nate estaba durmiendo a mi lado. Ver dormir a un hombre lobo era todo un halago, pues generalmente no necesitaban dormir más que unas pocas horas al día y nunca debían bajar su guardia. Sin embargo, Nate era amante de las siestas, sobre todo conmigo a su lado.
Debía arreglarme para ir al instituto, pero quería disfrutar un poco más estar entre los brazos de Nathan. Me sentía tan cómoda, con una paz que pocas veces disfrutaba.
Podía parecer algo tonto, pero yo adoraba despertar