— Lady Ágata —dijo Harry, soltando mi mano con naturalidad justo cuando mi tía volvía a entrar en el salón—, una de las razones por las que vine tan temprano. Para invitarlas a desayunar a Sladofr. Mi madre está ansiosa por compartir esta mañana con su futura nuera y con usted, por supuesto.
Mi tía, que venía con la intención de seguir discutiendo el tema del lobo, se detuvo. La invitación, hecha con la cortesía impecable de Harry, era un hueso demasiado jugoso para el orgullo social de Doña Ág