Cápitulo 4
Pero yo ya no podía escuchar lo que decía, pero asi como de la nada recordé aquella noche en la que lo vi abrazando a la tal Ramona. Por miedo a que otros lo notaran, tomé su mano apresurada y la puse en mi cintura, apoyándome en él.

También a mi mente vino un recuerdo fugaz de aquella vez, que me empujó con fuerza y me dijo con mucho desprecio.

—Nola, no se te olvide que no estamos casados.

Mi cuerpo no tenía fuerzas, me sentí flaquear y se me fueron todas las luces.

Pero antes de perder el c
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