Pero yo ya no podía escuchar lo que decía, pero asi como de la nada recordé aquella noche en la que lo vi abrazando a la tal Ramona. Por miedo a que otros lo notaran, tomé su mano apresurada y la puse en mi cintura, apoyándome en él.
También a mi mente vino un recuerdo fugaz de aquella vez, que me empujó con fuerza y me dijo con mucho desprecio.
—Nola, no se te olvide que no estamos casados.
Mi cuerpo no tenía fuerzas, me sentí flaquear y se me fueron todas las luces.
Pero antes de perder el c