Vi cómo la expresión de Henry cambiaba una y otra vez.
Pasaron varios segundos sin que pudiera decir nada.
Reuniendo todas mis fuerzas, me levanté y lo miré. Él, quien parecía el total vencedor hace unos instantes ya no tenía nada de esa arrogancia.
De repente, me sentí agotada. El hombre frente a mí era un completo desconocido... y yo ya no quería tener nada que ver con él.
Con voz tranquila, le respondí:
—Henry, ya pasó el mes de reflexión, vamos a firmar el divorcio.
Un destello de sorpresa c