Me llevaron de urgencia al quirófano. Tuvieron que pasar un largo tiempo operándome.
La herida no era tan grave, pero mi cuerpo desgastado no dejaba de sangrar, no había nada que pudieran hacer para detener la hemorragia o hacer que la sangre rápido coagulara.
Pero por suerte, logré sobrevivir. Después de pasar un día en cuidados intensivos, me trasladaron a una habitación normal. Al parecer el cielo aún tenía una misión para mí.
Cuando sacaron mi cama, vi a Henry, parado a un lado, con los ojos