185. Bajo los reflectores
Amber
El silencio dentro del coche era insoportable.
Leonardo iba a mi lado, con los brazos cruzados y la mandíbula rígida, mientras yo me mantenía lo más distante posible, los ojos fijos en el paisaje que corría al otro lado de la ventanilla. Cada curva de la carretera pasaba sin que intercambiáramos una sola palabra, pero el peso de lo ocurrido seguía suspendido en el aire, como una tormenta a punto de estallar.
Magnus, al volante, parecía el único consciente de lo asfixiante que se había vuelto el ambiente. Y por primera vez desde que lo conocía, se lo veía incómodo. Su mirada alternaba entre Leonardo y yo a través del retrovisor, analizando cada gesto tenso, cada suspiro cargado, como si estuviera a punto de intervenir.
Se aclaró la garganta, intentando romper el hielo.
“Bueno, al menos la enfermera dijo que el bebé está bien, ¿no?”
Nada.
Ni una respuesta.
Yo seguí mirando por la ventana, ignorando el comentario, y Leonardo ni siquiera giró la cabeza. Magnus suspiró por lo bajo, f