184. El mundo es injusto
Martina
La voz de Amber retumbaba en mis oídos como un maldito martillo golpeándome la cabeza.
“No sé si es odio. Pero sé que ya no confío en ti”.
Me arranqué los auriculares con violencia y salieron disparados al otro lado de la mesa. El pecho me subía y bajaba con rapidez, la respiración desacompasada mientras intentaba asimilar todo lo que acababa de oír.
Ella lo recordó todo.
Amber lo recordaba.
Y, como si eso no fuera suficiente, estaba embarazada otra vez.
La vista se me nubló por un inst