342. Un casi final
Amber
La mañana estaba tranquila y yo estaba sentada en la cama del hospital, mirando por la ventana mientras tomaba un té caliente. El aroma suave llenaba la habitación, pero mi mente estaba muy lejos de allí. Mi corazón seguía dividido entre la felicidad de estar viva y la ansiedad de haber dejado a mis hijas en la UCI, tan pequeñas y vulnerables.
El desayuno estaba frente a mí, pero el apetito era casi inexistente. El sonido suave del monitor cardíaco —que ya ni siquiera era necesario— llena