El Código Madre
El laboratorio clandestino en Ámsterdam era un laberinto de acero y vidrio oculto bajo un almacén del puerto, su acceso disfrazado entre contenedores oxidados y cargueros inactivos. Sophie, Mateo y Victor se infiltraron al amanecer, avanzando entre sombras, sus siluetas tensas bajo el resplandor rojizo del cielo. Cada paso era una apuesta, cada respiro, una cuenta regresiva.
Logan, aún convaleciente por las heridas sufridas en Ginebra, había insistido en quedarse en el hospital