La lluvia golpeaba los ventanales del penthouse en el Upper West Side, un telón gris que envolvía Manhattan en un murmullo melancólico, como si la ciudad susurrara secretos que solo el silencio de la noche podía entender. Sophie Belmont, envuelta en una manta de alpaca y con una copa de vino blanco entre los dedos, revisaba los informes de impacto trimestral de la Fundación Renacer. Sus ojos se movían entre gráficas, nombres de donantes, y cifras millonarias que ya no la intimidaban.
En la habi