Entre el ruido de sus sollozos escuchó como alguien tocaba la puerta del cuarto del que se había apoderado, no se atrevió a responder pero comenzó a limpiar las lágrimas de sus ojos y mejillas mientras aguardaba a que la persona entrara a la estancia, al fin y al cabo ella no podía demandar ningún tipo de privacidad en ese lugar, puesto que ella no pertenecía allí, ni era parte de la familia, incluso si así fuera se encontraba en una habitación ajena. Y así, sin más, se abrió la puerta dando pa