Evangeline le agradeció por haberle devuelto los guantes, así que él no estaba equivocado si era la dama misteriosa que había escapado despavorida ese día. La conversación continuó amenamente, hablaron de nimiedades, nada profundo pero fue una conversación muy agradable, incluso se rieron de vez en cuando. La señorita Evangeline era amable, cálida y sencilla, pero no una sencillez desaliñada, no se refería a eso, era como una brisa suave que te refresca en un día de calor, eso era ella. No obst