Evangeline se mantenía alerta cada vez que escuchaba a alguien acercarse a la puerta principal, pues si Amelia regresaba con la Marquesa de Wrightwood debía salir corriendo y esconderse debajo de las piedras.
‒ ¿Qué sucede, Amelia? ‒ preguntó a su prima, quien venía entrando a la mansión con una cara de pocos amigos en compañía de un caballero alto y muy guapo, demasiado guapo diría ella, para la salud de las jovencitas virginales que seguramente se desvanecían en su presencia.
‒ Sucede que est