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Capitulo 5: El regreso de los Dueños

El avión aterrizó y a penas toque tierra brasileña pude ver a mi hermana de pie esperándome en las puertas del lugar, escuche cuando grito mi nombre y se arrojó a mis brazos, Simona estaba preciosa, toda una señorita, no era tan alta como mi hermano y yo, pero tenía sus formas espectaculares, cosa que me hacía recordar en como mi hermano se quejaba por los pretendientes que se aparecían.

– Te he echado de menos ¿sabes? – dijo apenas la bajé – todo ha sido algo complicado sin ti – asentí, no quería que la emoción me embarga justo en ese momento – ¡Vamos! – tomo mi mano y me guio hasta su carro.

– ¿Cómo sigue mamá? – pregunte una vez dentro del carro – por Samuel sé que no le ha hecho muy bien su tratamiento, pidió estar en casa …

– Esperamos lo peor, ella pidió estar en casa, Samuel no pudo negarse, nuestro tío ha permanecido a su lado, igual un médico – entendí que nuestro hermano no había reparado en gastos.

Desde la muerte de nuestro padre, y gracias a unos fideicomisos que se nos fueron entregados, samuel pudo abrir un pequeño taller, eso ya hacía 6 años, durante el tiempo este pequeño taller se hizo de un renombre, una marca, un par de locales más y hoy en día era una gran marca, que no solo albergaba talleres para carros, sino que también un par de compraventas de estos mismos, y almacenes de repuestos.

Como es la vida, cuando menos te lo esperas la suerte te sonríe y comienza a ir todo cuesta arriba, pero aun así sabía que no habíamos podido recuperar lo único que queríamos, nuestra finca, aquella que nos había visto crecer, ser hombres, aquella que estaba cerca de todo lo que alguna vez desee.

– Joel ¿me escuchas? – pregunto Simona, negó con la cabeza -. Mamá desea vernos a los tres, ella siente que ya está en su momento de partir.

– Debemos verla entonces – sin más nos dirigimos a la casa, esa que Samuel había comprado para nuestra familia, con la esperanza de que nuestros padres se acostumbraron a vivir en la ciudad. Suspiro sin ganas, esos recuerdos abundan en mi mente y le pesan a mi corazón.

Sinceramente no conocía la casa en donde vivía mi familia, pero debo de aceptar que mi hermano no reparó en gastos, cuando entramos fuimos recibidos por Silvia, una mujer que los ayuda con la casa y con mi madre, mi hermana me explicó que desde que mi padre ya no está, la mujer, ha sido la encargada de acompañar a nuestra madre, ayudar y mantener el orden de la casa, entre otras tareas.

Cuando subí al segundo nivel recibí un abrazo de recibimiento de parte de nuestro tío Arminio junto a una severa mirada hacia mí, bien sabía que me había marchado sin el permiso de mis superiores, pero no podía esperar, esta vez recibiría con gusto el castigo, de hecho, había dejado las indicaciones para pedir mi salida de la iglesia.

Sin mucho más que decir entre al cuarto en donde mi madre estaba, ella lucía tranquila y sus ojos brillaron cuando me vio, me arrodille a la orilla de la cama y allí recibí sus retos, me reí por las cosas que me conversaba y llore por el dolor que sentía al no estar mi padre a su lado.

Mi hermano llegó esa tarde a casa y nos encontró a todos sentados en el comedor, habíamos decidido, a petición de mi madre, comer en aquel lugar, guardando el puesto que mi padre ocupaba, después de los saludos, nos sentamos a comer. Durante la cena hablamos de todo un poco, mi madre se veía feliz y eso nos llenaba el corazón.

Ya tarde, y luego de una larga sobremesa, la matriarca de esta familia se retiró a su habitación, nuestro tío se había ido a la casa parroquial a pasar la noche y mis hermanos y yo decidimos juntarnos en la terraza a conversar, ponernos al día, Samuel quería hablarnos, como siempre él tomaba la iniciativa, entonces pensé que se trataría de la cercana partida de nuestra madre.

– La van a subastar – dijo en seco, apenas nos sentamos – van a subastar la finca, el propietario se declaró en bancarrota y todas sus tierras están siendo subastada en un lote – me quedé pensativo, sabía que mi hermano se mantenía al tanto de lo que sucedía, pero no al punto de querer hacer algo con ello, esta vez podía ver sus intenciones.

– ¿vamos a hacer algo? – se adelantó Simona – no creo que nuestro padre quisiera que dejáramos pasar esta oportunidad, seríamos unos estúpidos si no aprovechamos.

– Quiero tomar parte en esto – declaré – usa mi fideicomiso, yo también quiero tener algo propio – Samuel sonrió y sacó una carpeta.

– Todo lo que tenemos está divido en tres, de hecho, el único que no ha tocado su cuenta bancaria eres tú, hace tiempo atrás te dije que si quería seguir estudiando afuera de la iglesia se podía, pero tú fuiste necio – sonreí y negué con la cabeza – todo está aquí – tome la carpeta mientras mis hermanos hablaban de cómo podían entrar en la subasta.

La carpeta contenía los detalles de ganancias y reparticiones de la empresa, había una cuenta de banco y los respectivos movimientos, y finalmente dos tarjetas a mi nombre. Agradecí a mi hermano y enseguida puse atención, la subasta sería llevada en el pequeño pueblo en donde vivíamos, allá ahora siendo una ciudad aún pequeña, rodeada de campos de café, se mostraría la longitud del terreno y luego se recibirán ofertas.

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