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Capitulo 6: El asiento 14

De pronto, Silvia entró corriendo a la terraza, su respiración agitada nos asustó y apenas pudo articular palabra nos dijo que nuestra madre no respiraba, la escalera no hacía nada, cuando entre en la habitación ella estaba tendida en la cama y se podía ver un semblante feliz. Tome su mano y no había un ápice de calor allí, Simona se echó a llorar mientras mi hermano se contactaba con emergencias. Ella se había ido, nuestra querida madre se había ido, feliz, pero al fin y al cabo se había marchado de este mundo, para reunirse con nuestro padre.

Llevamos el luto por una semana, pero luego los debemos nos llamaron, tuve que presentarme en el despacho de tío Arminio para recibir mi castigo, el sabedor de nuestros planes había pedido que mi castigo lo hiciera en mi pueblo natal, gracias a dios no había sido alargado por tanto y solo debía ejercer mi deber por 6 meses más, luego de esto, podría dejar los hábitos y cambiar mi sotana por jeans y camisa.

– Debo estar allá dentro de dos semanas – confesé a mis hermanos durante nuestro almuerzo.

– Entonces nos alcanzas allá – Samuel estaba planificando la construcción de una enorme casa en la finca, que, gracias a un abogado, la habíamos podido adquirir sin tener que viajar – yo parto la semana que viene.

– Yo me voy dos o tres días antes que tú, Joel, esperaré algunas telas que pedí – ella tenía el sueño de abrir una tienda en el pueblo.

Nuestra conversación no fue muy larga, de hecho esos días se nos hicieron demasiados cortos, la partida de mi hermano fue rápida, nos despedimos y él, quien partió en su carro acompañado por nana Silvia, mientras que la de mi hermana fue más concurrida, ella viajaría también en su carro, pero seguida por dos camiones, en donde iban gran parte de los muebles que necesitaríamos en la casa nueva y para su tienda, samuel había comprado una casa en el pueblo, donde el primer piso sería para la tienda que ella montaría y el segundo lo podría usar de bodega y oficina.

Todo para hacerla feliz.

– ¿estás nervioso? – pregunta, antes de despedirse, mientras recorremos la casa de São Paulo.

– Sí, tengo mis motivos – dije con Luciana nuevamente en mi mente, porque a pesar de haber pasado por otros brazos y que ella me cortó cada vez que traté de ponerme en contacto con ella, aún la recordaba.

– Lo sé, borracho me lo contaste – me di con la mano en la frente, días atrás, después de que samuel partió, nos bebimos hasta el agua del florero en casa, negué con la cabeza y luego le sonreí – puede que sí, que allá esperado – Simona y su positivismo.

– Puede que no, que ni siquiera me recuerde, han pasado 10 años – los dos nos quedamos en silencio.

Pero en mi corazón, en lo más profundo, aún había algo de esperanza y eso era como una luz, aunque mi mente repitiera mil y una vez, han pasado 10 años.

Como yo aún no tenía carro, envié mis pertenencias con mi hermana, por eso el día que viajé, me puse ropa cómoda e hice mi sotana a la mochila, allí llevaba mi móvil y una Tablet, el viaje era largo, más de 15 horas en bus a Butimerin. Cerré mis ojos y traté de conciliar el sueño, pero una voz interrumpió mi tranquilidad.

– Disculpe – dijo dulcemente – está en mi asiento – retire el sombrero de mi rostro y cuando la vi me embobe, era preciosa, desde sus regordetes labios hasta su menudo cuerpo – señor, es mi asiento – repitió y solo asentí, pero …

– No, este es mi asiento – dije, muy seguro.

– No, mire – ella me mostró su boleto y claro, el equivocado era yo, pedí las disculpas correspondientes y enseguida le di mi asiento, yo me acomode a su lado.

Nunca la había visto, pero me fascino su belleza, se notaba que no conocía donde iba, miraba su móvil a cada minuto, estaba intrigado, tenía un parecido a alguien, pero no descifraba de a quién, no quise preguntar para no ser impertinente, pero tampoco podía apartar mis ojos de ella, finalmente, saqué mi Tablet y puse una serie, a ver si con eso me distraía.

– The big bang theory – la escuché susurrar. Me quedé pensando y le ofrecí un audífono, ella dudó, pero luego aceptó.

– Tenemos un largo viaje, mejor distraigamos – le dije y asintió.

Así nos mantuvimos por largas cuatro horas, de pronto la sentí acomodarse en mi hombro, se había dormido, por lo que procedí a hacer lo mismo, aún quedaba toda la noche por delante de viaje, envié un mensaje a mis hermanos, avisando donde iba y ellos solo se limitaron a decirme que durmiera y disfrutara del viaje, siendo sincero lo estaba haciendo.

Esta pequeña hada me había caído como anillo al dedo, me intrigaba y me podía mantener entretenida el resto del viaje. Entre mis pensamientos y ganas de saber más de ella, Morfeo pasó por mí.

Un hombre nos despertó, era el auxiliar del bus que estaba solicitando los boletos, le pase lo mío y moví a mi compañera de asiento para que hiciera lo mismo, ella no tardo es espabilar, cuando fuimos dejados solos nuevamente ella sacó una botella de agua, por mi lado ya me había acabado todo lo que había comprado para comer. Ella me ofreció un poco y le agradecí.

– Idara – dijo a modo de presentación y extendió su mano.

– Joel – devolví el saludo.

– ¿Dónde vas Joel?

– A Buturimin ¿y usted, señorita Idara? – pregunté.

– Igual ¿a qué va a ese lugar tan perdido? – me hizo cierta gracia su pregunta.

– A reunirme con mis hermanos – no mentí, pero omití detalles - ¿y tú?

– Donde mi madrina, es mi único “familiar” – dijo, mientras hacía comillas con los dedos al momento de decir la palabra familiar, la vi suspirar, se notaba que no era una mujer de campo o pueblos, podía casi adivinar que estaba en sus recién vientes, quería preguntar, pero me mordí la lengua. Idara y yo, seguimos hablando por un buen rato, me enteré de que su madrina era hermana de su madre y era su único familiar vivo, la mujer era nana en la casa de unos hacendados cerca de Butimerin, por lo que ella debía llegar primero al pueblo, yo no le conté mucho y después de eso seguimos viendo la serie.

Una extraña tranquilidad me dio conversar con alguien sin tener que hablar de mí, por lo general las mujeres siempre me preguntaba cómo era que había podido ser sacerdote, en cierta forma Idara me hizo sentir normal. Ojalá esto no cambiará mucho.

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