CAPÍTULO 5
El sábado siguiente le quitaron el yeso del brazo. Esa tarde, la enfermera llegó cargada de ropa femenina.
—¡Qué suerte tienes! Te trajeron estas cosas para que te las pongas —dijo, al mismo tiempo que extendió sobre la cama delicadas prendas íntimas de seda y productos de uso personal.
—¿Me han dado de alta? —preguntó Sydney. Rick no había hecho todavía su visita acostumbrada y el día anterior no le mencionó nada.
—Sí. Todo ha sido arreglado ya, ese precioso ejemplar de hombre con