CAPÍTULO 2
Su intento de protesta apenas si fue audible en el cuarto cargado de tensión. El estallido de una amarga carcajada de Salvatore le produjo una sacudida.
—Tú planeaste encontrarte con él cuando te fuiste de aquí, ¿no es cierto, Sydney? Estuviste con él todo este tiempo, esperando, ¿verdad, pequeña golfa intrigante? —se inclinó hacia ella por encima de la cama. La furia que ardía en su mirada que resultaba impresionante por su intensidad. —¿En dónde está mi hijo, perra? ¿Por qué tipo