Capítulo siete. Un fantasma del pasado
La mañana amaneció con un brillo dorado sobre las aguas del mar Egeo. Desde la terraza de la villa, Ariadna observaba el horizonte intentando calmar la agitación que llevaba en el pecho desde aquel beso. Cada vez que cerraba los ojos, revivía el calor de los labios de Andreas, el modo en que la sujetó como si quisiera apropiarse de ella.
Sacudió la cabeza. No podía dejarse arrastrar. Era una profesional, y aunque el millonario griego la desarmaba con faci