Capítulo cincuenta: Más hombre que tú
Aquella noche Thalia odavía podía sentir el corazón latiéndole en la boca, por lo que comió sin ganas y también para no trastocar más a sus pobres hijos.
Se sentía culpable (aunque no sabía de qué o por qué), irritada (aunque no debería, no era su culpa), confusa (aunque su decisión estuviera tomada)... Un montón de emociones se acumulaban en su interior sin parar y no sabía cuál era peor.
«A este paso terminaré volviéndome loca», pensó.
¿Por qué se sentía