Capítulo cuarenta y seis. El rostro de la traición.
La mañana amaneció con un cielo gris sobre Atenas, como si el clima reflejara la inquietud que se respiraba en la villa. Andreas había pasado la noche en vela, revisando una y otra vez los documentos que habían intentado incriminarlo. Sabía que todo aquello estaba cuidadosamente fabricado… pero lo que más lo perturbaba era que solo alguien con acceso interno a sus empresas podía haberlo hecho.
Ariadna lo encontró en el estudio, con las mangas