Capítulo cuarenta y cuatro. Entre sueños y amenazas.
El silencio de la villa era un alivio después del caos mediático. Ariadna, sentada en la sala, recorría con sus dedos el catálogo de muebles para bebés que una diseñadora le había traído esa mañana. Una sonrisa suave se dibujaba en su rostro mientras pasaba las páginas: cunas de madera tallada, sábanas de algodón, diminutos zapatitos que parecían irreales.
Andreas la observaba desde el umbral. No dijo nada al principio; solo la miró con un ca