Capítulo cuarenta y dos. Mi bebé no.
Britney se puso en pie furiosa.
—No. No, Owen — negó repetidamente una y otra vez —, eso no puede estar bien.
El mayordomo se acercó.
—¿Quiere que le traiga otra cosa, señora Stratos?
—No. El desayuno está bien, Leo, gracias. Es mi vida la que no está bien — dijo ella sin importarle nada. Owen carraspeó con clara intención, pero Britney no hizo caso —. Gracias de nuevo, Leo, creo que nos arreglamos nosotros.
El mayordomo se marchó del comedor.
—Trat