Capítulo cuarenta y uno. La verdad empieza a mostrarse.
El sonido del mar golpeando suavemente contra los acantilados fue lo primero que Ariadna escuchó esa mañana. Sin embargo, lo que realmente la despertó no fue la calma de Santorini, sino la punzada en el estómago que la obligó a correr al baño antes de que Andreas siquiera abriera los ojos.
Se arrodilló frente al lavabo, respirando con dificultad mientras el mareo le revolvía todo el cuerpo. Cuando el malestar pasó, se enjuagó el rostro con