40. Nuestro comienzo
Capítulo cuarenta. Nuestro comienzo.
El amanecer en Santorini pintaba el horizonte de tonos dorados y rosados. El sol asomaba sobre las cúpulas azules y las casas blancas, iluminando el mar Egeo como si fuera un espejo líquido. Ariadna abrió los ojos lentamente, arropada por el calor del cuerpo de Andreas a su lado.
Se quedó quieta unos segundos, disfrutando de la paz. La respiración de él era profunda y constante, su brazo pesado descansaba sobre su cintura, y cada tanto su barba le rozaba la