Capítulo treinta y dos. Pruebas y señales
La villa despertó con un silencio inusual. Tras las últimas noches de sirenas y prisiones, las primeras horas del día parecían casi milagrosas en su quietud. Andreas ya había salido temprano, a reuniones legales y a coordinar la nueva ofensiva contra las empresas pantalla de Leonidas. Ariadna aprovechó la calma para continuar con la tarea que se había impuesto desde que salió de la cárcel: no ser solo un rostro en la defensa, sino una pieza activa en la