Capítulo diecinueve. La caída de Ariadna
El sonido del timbre retumbó como una sentencia de muerte en la villa Konstantinos. Era temprano, el sol apenas asomaba sobre Atenas, y el aire se sentía cargado, casi irrespirable.
Ariadna y Andreas se miraron sin decir palabra. Ambos sabían lo que ese timbre significaba.
El mayordomo abrió la puerta y el uniforme azul marino de la policía griega apareció como una sombra en el umbral.
—Señorita Ariadna López —dijo uno de los oficiales con voz firme—, qu