Capítulo diez. De la furia al beso
Lily se había calmado un poco cuando se enteró de que a Albert, el mayordomo de Athos, le habían encargado que le enseñara el uso correcto de los cubiertos, no modales en la mesa. De repente se vio frente a una mesa puesta formalmente, en la que había un asombroso surtido de cucharas, tenedores y cuchillos.
Una vez acabada la clase, volvió a su habitación y se sentó en la cama, apoyada en el cabecero, a leer un libro que había tomado prestado de la biblioteca