Las preguntas lógicas de Maya la arrinconaron.
Yvonne, desesperada, levantó la mano y fue directo a abofetearla.
Maya se quedó quieta. No podía defenderse: Yvonne era la prometida de Alexander. Si la golpeaba, él se enfurecería. Cerró los ojos, preparada para el dolor.
Pero el golpe nunca llegó.
Pasaron unos segundos. Maya abrió los ojos y quedó paralizada.
Alexander sujetaba la muñeca de Yvonne en el aire, apretándola con fuerza.
Yvonne estaba igual de incrédula.
—Alexander…
—No me molestes du