¿Qué vendrá ahora?
Trató de levantarse para salir de la habitación, pero una sombra oscura se proyectó sobre ella. Maya alzó la mirada justo antes de ser empujada de nuevo al sofá.
—¡Argh!— gritó.
Alexander le lanzó el inhalador cerca de la cabeza y, sin previo aviso, arrancó su blusa. Sus hombros quedaron expuestos.
—¡No! —chilló Maya, aterrorizada.
Alexander se abalanzó sobre ella como una bestia. Sus ojos, oscuros y afilados como los de un águila, la examinaban sin dejar espacio para escapar