Maya miró el sofá, indecisa. ¿Debería acostarse? ¿Cómo se suponía que dormiría si no lo hacía? No podía pasar la noche entera sentada, ¿verdad?
Se preguntó por qué Alexander la mantenía allí.
No se escuchaba ningún sonido proveniente del dormitorio. Era como si no hubiera nadie, pero ella sabía que él estaba dentro… y que el peligro podía aparecer en cualquier momento.
Eso la asustó.
Maya se levantó y caminó hacia el balcón. Quería ver qué había alrededor, buscar una oportunidad para escapar.
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