Y menos cuando se trataba de dos personas con historias tan complejas.
Mientras Jessica terminaba la revisión, la mirada de Maya se desvió hacia la mano derecha de Alexander.
Estaba envuelta en gasa.
Había usado esa mano para desgarrar el techo del automóvil.
Con las manos desnudas.
Aún le resultaba difícil asimilarlo.
¿Cómo podía alguien romper metal sólido solo con fuerza bruta?
Ella lo había visto con sus propios ojos.
Había sentido la abrumadora diferencia entre su fragilidad y el poder de