¿Alexander la veía como a una niña de tres años? ¡Incluso los tres niños podían ir solos!
Por eso, jamás lo llamaría cuando terminara.
Levantó la vista y vio su reflejo en el espejo. Su tez no se veía tan mal, aunque la gasa que rodeaba su frente era evidente. Era el resultado de haberse golpeado con el cristal.
Había tenido suerte…
Se puso de pie, dispuesta a tirar de la cadena, pero sus dedos se detuvieron.
La insonorización no era buena. Si descargaba el inodoro, él lo escucharía claramente.