Mundo ficciónIniciar sesiónLa casa de la señora Fine estaba en silencio.
Maya llevó flores blancas.
No esperaba encontrar a Roberto allí.
Pero él estaba apoyado contra la baranda del jardín, mirando el interior vacío.
—Sabía que vendrías —dijo él con una sonrisa cansada.
Maya respiró profundo.
—Ya no duele venir aquí.
—Eso es bueno.
Hubo un silencio cómodo, pero definitivo.
Roberto la miró con atención.
—Él estuvo detrás de lo que pasó hoy, ¿verdad?<







