—Todo gracias a que no hablaste de más —respondió Stella.
Liam observaba en silencio.
Hasta que sintió una presencia frente a él.
Alexander.
Padre.
Figura.
Leyenda.
Pero en ese momento…
Solo un hombre mirando a su hijo.
—Buen trabajo.
Liam sostuvo su mirada.
—Aún no es suficiente.
Alexander negó suavemente.
—Lo es.
Pausa.
—Para mí, ya lo es.
Y por primera vez en toda la mañana…
Liam respiró diferente.
Esa tarde, en la terraza privada…
El viento movía suavemente el cabello de Maya.
La ciudad se