Mundo ficciónIniciar sesiónLa discusión no empezó como una explosión.
Empezó como una grieta.
Maya llegó a la mansión sin avisar. Alexander estaba en su despacho, revisando informes como si el mundo no se hubiera incendiado ese día.
Cerró la puerta con fuerza.
Él levantó la vista.
—¿Estás bien?
Esa pregunta la desarmó… y la enfureció al mismo tiempo.
—No vuelvas a decidir por mí.
Alexander apoyó los antebrazos en el escritorio.
—No decidí por ti.
—Cl







