Mundo ficciónIniciar sesiónEl trayecto hacia Parkgrove Mansion fue silencioso.
El interior del automóvil estaba impregnado de esa tensión invisible que solo ellos dos entendían. Alexander no preguntó nada. No necesitaba hacerlo. Su presencia era suficiente para presionar el aire.
Maya miraba por la ventana, pero no veía la ciudad.
Cuando por fin cruzaron los portones de hierro de la mansión, ella habló.
—Roberto está de regreso en Resnville.
No lo miró cuando lo dijo.







