—Ignóralos. Se irán si creen que no hay nadie aquí… —murmuró Alexander.
Maya frunció el ceño.
¿Ignorarlos? ¿Eso era algo sensato?
—Alexander, no… —su voz tembló.
Separados por una simple puerta, lo que estaba ocurriendo entre ellos resultaba demasiado vergonzoso.
—¡Papá! ¡Mami!
—¡Mami, abre la puerta!
—¡Abran!
Alexander se detuvo. Su expresión se ensombreció. Respiraba con dificultad, intentando contenerse.
Las voces del otro lado lo obligaron a recuperar el control.
Los niños no parecían dis