Pero ya no tenía que preocuparse, se dijo a sí misma. Los niños vivían en Parkgrove Mansion. Eran hijos de Alexander. Estaban protegidos. Crecerían sanos y fuertes.
Y Maya… Maya encontraría la felicidad.
La señora Fine los extrañaba profundamente. Quería escuchar sus voces una última vez.
Maya estaba escuchando al director hablar sobre el guion cuando vio a Liz acercarse con su teléfono.
—Maya, fui a tu oficina. Tu teléfono no deja de sonar —dijo Liz.
—¿Puedo atender la llamada, director? —preg