El lunes empezó sin nada urgente.
Laura lo comprobó tres veces.
La primera al abrir el ordenador a las ocho de la mañana, revisando el correo. La segunda al mirar la agenda del día en la aplicación que Pati le había instalado dos años atrás, insistiendo en que era más eficiente que la libreta de papel que Laura había usado durante décadas. La tercera al llamar directamente a Pati, porque en treinta años de trabajo conjunto había aprendido que la ausencia de urgencias visibles no siempre signifi