El juzgado de familia olía como siempre: a expedientes viejos y a café de máquina.
Bruno llegó con una carpeta de ochenta páginas. El expediente de custodia provisional era el más grueso que había presentado en su carrera, según dijo él mismo con esa sequedad que tenía para las observaciones personales.
Laura llegó con el abrigo azul marino. No el oscuro de los días de batalla. El azul marino, que era el que usaba cuando quería parecer exactamente lo que era: una madre que venía a buscar a sus