El piso de Chamberí tenía la luz de los pisos que no necesitan demostrar nada.
Cuarta planta. Dos habitaciones. Una ventana en el salón que miraba a los tejados y al cielo de Madrid, que en noviembre era un cielo gris pero honesto. Suelos de madera que crujían en la entrada porque la madera vieja cruje y eso era, según la inmobiliaria, un defecto y según Laura era una habitación que le avisaba cuando llegaban los niños.
Firmó el contrato de alquiler un jueves.
El fin de semana siguiente llegaro