El Juzgado de Familia número nueve de Madrid tenía olor a expedientes viejos y a café de máquina.
Laura llegó con diez minutos de anticipación.
Traje azul marino. Pelo recogido. Sin joyas. Bruno se lo había indicado la noche anterior: "Tienes que parecer una madre, no una empresaria."
Laura había pensado que no tenía que parecer nada.
Tenía que ser.
Pero se puso el traje azul de todas formas.
Álvaro llegó con su abogado Riquelme dos minutos antes de la hora.
Riquelme era lo que Laura esperaba: