El centro de punto de encuentro familiar de Chamberí era un local de dos plantas con paredes pintadas de amarillo suave y juguetes de madera en las esquinas.
Pensado para que los niños no supieran que estaban en un sitio judicial.
Laura llegó con quince minutos de antelación.
Llevaba el cuaderno de dibujo. Los lápices de colores que había comprado la tarde anterior, pasando cuarenta minutos en una papelería de Gran Vía eligiendo entre veinte marcas distintas como si la elección importara más qu