La noche no había terminado de irse cuando llegó la segunda llamada de Pati.
Laura estaba en el despacho de Bruno. Ventana abierta un dedo a pesar del frío, porque necesitaba el ruido de la calle para no ahogarse en el silencio de sus propios pensamientos.
La voz de Blanca seguía resonando en algún lugar del pecho.
Mamá Laura no miente. Abuela sí.
Cuatro palabras. Cuatro años de ausencia compensados en cuatro palabras por una niña de cuatro años que todavía no sabía exactamente quién era Laura