Pati Echeverría llegó a Lisboa cuando el sol todavía no había decidido si salir o no. Ese instante gris y húmedo en que las ciudades portuarias pertenecen únicamente a los pescadores y a los insomnes.
Tomó un taxi desde el aeropuerto hasta Alfama. Bruno le había enviado la dirección durante el vuelo: un apartamento en una callejuela empinada del barrio viejo. Tercer piso. Nombre en el buzón borrado con corrector blanco.
La arquitectura de Alfama era de fichas de dominó mal colocadas. Casas apil