El teléfono sonó a las siete de la mañana.
Laura ya estaba sentada en la cocina, con el café recién hecho, cuando vio el nombre de Pati en la pantalla. No era una hora habitual para que Pati llamara, y eso, por sí solo, ya le dijo que algo importante estaba pasando.
Contestó.
—Laura. Siéntate.
—Ya estoy sentada.
Hubo una pausa, una de esas pausas que Laura reconocía como preparación para una noticia que necesita ser dicha con cuidado.
—El Comité Nobel acaba de anunciar el Premio de la Paz —dijo